Muchos de nosotros hemos estado en ese lugar: agonizando por una decisión, grande o pequeña. ¿Debería aceptar este trabajo? ¿Mudarse a esa ciudad? ¿Terminar esta relación? Hasta en lo cotidiano: qué pedir en el menú, qué pantalones comprar, si decir sí o no a una cita en un café. Para aquellos de nosotros que somos padres, puede ser todavía más abrumador: en qué escuela inscribirlos, cuándo ser estrictos y cuándo ser flexible, cómo manejar un momento difícil. Sin importar quiénes seamos o cuáles sean los detalles de nuestra experiencia, las decisiones son parte de cómo desarrollamos nuestra vida. Tomamos innumerables decisiones todos los días.
Algunas de ellas son opciones fáciles y de bajo riesgo que tan solo elegimos intuitivamente y seguimos adelante. Otras, no tanto. Dedicamos horas, incluso días, a la investigación, listas de pros y contras, conversaciones interminables con amigos y, aún así, tememos tomar la decisión equivocada. La revista Consumer Reports ha creado todo un negocio en torno a personas que harían una investigación antes de comprar una nueva freidora de aire porque así es el nivel de compromiso que tienen con tomar la decisión correcta.
¿Qué suelen decir los padres a sus hijos antes de salir de casa? ¡Toma buenas decisiones! Ahora bien, no estoy diciendo que esto esté mal, pero de verdad nos deja muy claro cuán obsesionados estamos con la idea de que las decisiones son muy importantes y algunas realmente lo son, sin lugar a duda. ¿Pero la mayoría de ellas? Resulta que…
Según la Dra. Ellen Langer, la psicóloga de Harvard a menudo llamada “la madre del mindfulness [atención plena]”, todo esto es una ilusión. La Dra. Langer dice: No hay una opción “correcta”.
Asimilemos esta frase un momento.
Creemos que para cada decisión hay una opción perfecta esperándonos, y si solo reunimos suficiente información y pensamos lo suficiente, la encontraremos. Pero la vida no funciona así. Y, en realidad, la investigación de Langer muestra que más información no garantiza mejores decisiones. En la mayoría de los casos, solo conduce a la ansiedad.
Y esta es la verdad: una vez que tomamos una decisión, solo conoceremos la realidad de esa elección. La alternativa se convierte en un camino fantasma. Entonces, cuando se trata de los momentos en que nos arrepentimos del “camino no recorrido”, en realidad estamos comparando nuestra realidad con una fantasía.
Esta es la base del trabajo de Langer, la diferencia entre la irracionalidad y la atención plena. La irracionalidad es un estado mental inactivo que se basa solo en el pasado para evaluar el presente. Es aquí que comenzamos a rumiar sobre “lo que podría haber sido”. Sin embargo, cuando practicamos la atención plena, entramos en un estado mental que Langer describe como estar activamente comprometido con el momento presente. Desde esta conciencia, somos más flexibles y capaces de recibir nueva información.
La irracionalidad dice: “Necesito tomar la decisión correcta”.
La atención plena dice: “Necesito hacer que la decisión funcione”.
¡Eso sí que es un cambio radical de perspectiva! Tomar la decisión correcta significa elegir con la información disponible y luego comprometerse a hacer lo mejor posible de ese camino. Mucho más importante que la decisión inicial es lo que haces después. Desde una perspectiva kabbalística, podemos estar presentes, pedirle orientación al Creador y, con una conciencia de certeza, confiar en el proceso que se desarrolla.
Por supuesto, es importante reconocer que algunas decisiones son profundamente emocionales y pueden tener consecuencias a largo plazo para nuestras relaciones, salud y bienestar general. Cuando no estés seguro de cómo afrontar esas decisiones, te recomiendo la regla 10-10-10: pregúntate cómo te sentirás con la decisión en 10 minutos, 10 meses y 10 años. Este ejercicio de pensamiento a menudo proporciona claridad inmediata. Y para ser claros, hay opciones equivocadas: el asesinato, el robo, la crueldad y similares caen directamente en esa categoría. Lo que estamos explorando aquí son las decisiones cotidianas que pueden robarnos el sueño: ¿Qué auto debo comprar? ¿Dónde debería vivir? ¿Comprar el equipo de gimnasio u obtener una membresía en un gimnasio?
He aquí tres consejos para mantenerlo simple, ya sea que tengas que tomar una decisión o que tengas dudas sobre la decisión que tomaste:
Dirige tu atención a lo bueno. Cada decisión viene con desafíos y regalos. En lugar de pensar en lo que perdiste al elegir esta opción, busca lo que ganaste. Pregúntate: ¿Qué oportunidades hay aquí que podría estar pasando por alto?
Mantén la curiosidad. La atención plena se trata de observar cosas nuevas. Todos los días en el camino que has elegido, pregúntate: ¿Qué hay de nuevo aquí? ¿Qué puedo aprender? Esto abre posibilidades que hacen que tu decisión sea más significativa.
Hazte cargo. Las decisiones tienen menos que ver con cosas del destino y más con lo nosotros que hacemos con ellas. Cuando dejas de preguntar “¿Esto fue lo correcto?” y en su lugar preguntas “¿Cómo puedo expresar mi mejor versión aquí?”, pasas de la duda pasiva a la acción empoderada.
La próxima vez que te encuentres agonizando por una decisión, recuerda: lanzar una moneda al aire podría liberarte más rápido que pensarlo demasiado. De hecho, la Dra. Langer desafía a sus estudiantes a hacer esto con todas sus decisiones durante una semana, simplemente arroja una moneda y ve si alguna de esas opciones que dejaste al azar marca una diferencia sustancial en la calidad y la trayectoria de tu vida. Porque lo que realmente importa no es la decisión en sí, sino cómo la vives.
La vida no se trata de encontrar el camino perfecto. Se trata de llevar atención plena, curiosidad y conciencia a cualquier camino en el que te encuentres. Cuando lo hacemos, cada decisión que tomamos es la correcta, pase lo que pase.