Todos tenemos una lista. Ya sabes de cuál estoy hablando.
Un nuevo empleo.
Una nueva relación.
Mejor salud.
Abundancia, bendiciones, crecimiento.
Hermosas peticiones. Pídelo todo. Pero antes de poner tu lista de deseos a los pies del Creador, hazte una pregunta:
¿Qué persona debo ser para recibirlo?
Cuando fijamos nuestra vista solo en los resultados, nos olvidamos de nutrir nuestra identidad. Y si llega una bendición para una persona que no está lista para ella, no se expresa como plenitud o paz, sino que tiende a multiplicar el caos. Rosh Hashaná es la invitación anual para reinventarte. Reinventar tu identidad y tu conciencia como una capaz de recibir. Pedir la vida que queremos también significa soltar la versión de nosotros mismos que somos ahora. Tenemos que soltar las partes que hemos superado.
Podríamos decir que queremos más vida, pero ¿con qué frecuencia vivimos realmente?
Séneca escribió que vivimos solo una pequeña parte de nuestra vida; no porque nos falte tiempo, sino porque no lo empleamos como deberíamos. Del mismo modo, la autora Anne Lamott pregunta: “¿Qué harás con los días en que te concedan? ¿Saborearás esta vida? ¿Te convertirás en quien estás destinado a ser?”.
Rosh Hashaná llega y sostiene este espejo: ¿Dónde me esfuerzo poco? ¿Dónde puedo ser todavía más sincero? Hoy, después de nuestro mes de teshuvá, presentamos las oportunidades perdidas, las acciones que no debimos realizar, los deslices en la conciencia; no para sentir vergüenza, sino en aras de la transformación. Ante la Luz, incluso nuestros pasos en falso son terreno fértil. Lo traemos todo en Rosh Hashaná y le pedimos al Creador: Muéstrame en quién me estoy convirtiendo. Hazme lo suficientemente valiente como para convertirme en esa persona.
Una manera fácil de comenzar es evaluar el primer pensamiento que tenemos por la mañana. ¿Es gratitud o temor? ¿Curiosidad o queja? Todos cerramos nuestras puertas con llaves, protegemos nuestras cuentas con contraseña y aseguramos nuestras pertenencias… aún así, inconscientemente permitimos que nuestra atención y nuestro tiempo sean robados por la preocupación, la crítica y la distracción. Vigila cada pensamiento que tengas como un tesoro, no solo cuando te sientas alineado y decidido, sino también cuando sientas tensión o duda. Especialmente en esos casos.
Hago referencia a esta historia a menudo, pero vale la pena repetirla continuamente porque es un ejemplo innegable de elegir tus pensamientos con precisión y propósito. En 1971, Juliane Koepcke, de 17 años, cayó del cielo a la selva amazónica, la única sobreviviente de un accidente aéreo que también se cobró la vida de su madre. Herida, afligida y sola, siguió el agua; vadeó arroyos para evitar a los depredadores terrestres y usó lo que sabía para mantenerse con vida hasta que la encontraron. El deseo la llevó, el conocimiento la guio e, imagino, que su conciencia de determinación alimentó a ambos.
Ahora bien, la mayoría de nosotros no nos enfrentaremos una selva como esa, pero enfrentaremos días que pondrán a prueba nuestras perspectivas, nuestra devoción e incluso nuestros deseos. El día de hoy, probablemente quieras transformación. ¿Qué hay dentro de un mes? ¿Qué tal un miércoles difícil? ¿Puedes tener el nivel de compromiso y elevación que tienes hoy durante los momentos más difíciles o mundanos?
Estos dos días son un portal y podemos cruzarlo con un propósito. También podemos usar las prácticas que aplicamos en Rosh Hashaná durante el resto del año (¡y te recomiendo mucho que lo hagas!). Durante las próximas 48 horas:
Presta atención a tu primer pensamiento cada mañana. Elige la gratitud a propósito.
Ten una hora sagrada y protégela de distracciones. Sin redes sociales. Sin dar vueltas. Llénala con estudio, oración o servicio.
Haz algo visible que exprese tu verdadero ser: viste el color que te gusta, expresa tu verdad, atrévete a pedir lo que deseas, crea una obra de arte. (Deja esa caja de crayones de 8 colores y usa la caja de 120 colores).
La plenitud tiene mucho menos que ver con lo que realmente sucede y más con cómo afrontas lo que sucede. Cuando comiences a expresarte de la manera en que tu alma te lo ha pedido —responsable, constante, sincero, amable— tu vida no solo se verá diferente, se sentirá diferente.
Este es tu momento de creación. Presenta todo tu ser a la Luz: las partes de las que estás orgulloso y las partes que preferirías ocultar. Permite que todo se aproveche y permítete reinventarte. Conviértete en la persona que tus bendiciones ya están buscando. Que puedas vivir todos los días de tu vida, y que tu vida —este año— finalmente se sienta como siempre la has soñado...