La próxima semana recibimos Purim, una festividad que puede sentirse… contradictoria. En la superficie es alegría. Disfraces. Celebración. Ruido. Risa. Pero debajo se encuentra una de las historias más inquietantes de la Torá: una historia de ocultamiento, incertidumbre, peligro y una salvación que solo se revela en el último momento. El Libro de Ester es el único libro de la Torá donde el nombre del Creador no aparece.
Ni una sola vez.
Y no es casualidad. Purim nos enseña una de las verdades espirituales más poderosas que podemos recordar: incluso cuando el Creador parece oculto, está presente. Incluso cuando el proceso parece caótico, está guiado. Incluso cuando la historia parece desmoronarse, en realidad se está acomodando. Ester no sabía que se convertiría en reina. Mordejai no sabía que su negativa a inclinarse desencadenaría una crisis nacional.
Los israelitas no sabían que lo que parecía aniquilación era en realidad la puerta hacia la elevación. En cada etapa de la historia hubo incertidumbre y miedo. Mucha espera. Silencio. Y, sin embargo, cada pieza fue precisa. Cada parte del proceso, por difícil que fuera, fue perfecta.
Esa es la consciencia de Purim.
Hay momentos en nuestra vida en los que estamos dentro de un proceso que se siente incómodo, confuso, incluso doloroso. No podemos ver el resultado. No entendemos por qué las cosas se desarrollan como lo hacen. Nos preguntamos: “¿Por qué está pasando esto?” o “¿Cuándo va a cambiar?”. Purim nos recuerda que estamos en medio de la historia, pero aun así podemos encontrar belleza en lo desconocido de la experiencia. Muchas veces juzgamos el proceso desde una sola escena, pero nadie está destinado a comprender toda la trama mientras aún se está desarrollando.
Lo que parece un retroceso puede ser posicionamiento.
Lo que se siente como un retraso puede ser preparación.
Lo que parece un rechazo o una pérdida puede ser una protección por la que algún día estaremos profundamente agradecidos.
El milagro de Purim es un milagro ordinario. Está tejido a través de una serie de eventos naturales, casi cotidianos. Una noche sin dormir. Un momento perdido. Un cambio de favor. Detalles aparentemente simples que, vistos desde el final de la historia, revelan un diseño extraordinario. Así es como los regalos de Purim se vuelven universales.
Tengo un amigo que pasó por una ruptura muy dolorosa hace varios años. Hoy está casado con su alma gemela y es profundamente feliz, pero antes de eso vivió una separación muy fuerte. ¿Has escuchado de esas rupturas donde una persona termina la relación y luego quiere regresar? “Me equivoqué, no debí terminar contigo, tú eres la persona correcta”. Eso fue lo que sucedió. Él quiso regresar, pero la otra persona estaba demasiado herida y no quiso ni siquiera hablarlo.
Durante un año, rezó todos los días para poder volver y abrazarla. Pasó un año. Luego dos. Y en ese proceso, aprendió muchísimo: en qué se había equivocado, qué hubiera hecho distinto. Trabajó en sí mismo para convertirse en la pareja que quería ser. Y entonces, después de dos años, conoció a alguien nuevo. Se enamoró. Era realmente su alma gemela. Se casaron y construyeron una vida juntos.
Pero la historia no terminó ahí…
Diez años después, ya viviendo en otra ciudad, una noche deciden ir a un concierto en un pequeño pueblo cercano. Al salir, dudan si ir a casa o detenerse a tomar algo. Deciden detenerse. Caminan… y, en ese lugar inesperado, en ese momento improbable, se encuentra con la persona con la que había terminado años atrás. Ambos estaban ahora con sus respectivas parejas, también sus almas gemelas. Se saludaron, se presentaron, se abrazaron y se despidieron con alegría.
Cuando estamos en medio de un proceso doloroso o frustrante, estamos leyendo nuestra vida a mitad de la historia, intentando adivinar el final. Es imposible saber qué momento cambiará todo. Tal vez una conversación mañana transforme completamente el rumbo, pero hoy no lo sabemos. Nosotros no lo sabemos… pero la Luz sí.
La Kabbalah enseña que todo lo que hace la Luz del Creador es para bien. No porque siempre se sienta bien, sino porque siempre está alineado con la corrección y elevación de nuestra alma. El ocultamiento es parte del regalo. Si todo se revelara de inmediato, no habría crecimiento, ni vasija, ni expansión de certeza. Lo invisible nos invita a elegir la certeza sobre el miedo. Nos pide confiar no porque veamos pruebas, sino porque sabemos que la naturaleza de la Luz es únicamente dar.
Jag Sameaj.