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La Luna Nueva de Piscis: Elegir la alegría, pase lo que pase

Monica Berg
Febrero 16, 2026
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¿Por qué amamos tanto a los perros?

Sí, por su compañía. Por supuesto, su amor incondicional. Eso es real y significativo. Pero creo que el mayor regalo que nos dan nuestros perros es algo completamente distinto: la alegría.

Los perros no solo experimentan alegría, la practican. Religiosamente. A diario. Con energía. ¿Es de mañana? Celebración. ¿Juguete nuevo? Celebración. ¿Viaje en auto? Celebración. ¿Hora de merendar? También. ¿Saliste de la habitación dos minutos y regresaste? Un auténtico desfile. Vivir con un perro es vivir con una criatura que insiste —cada día, sin descanso— en que estar vivo merece ser celebrado. Vivir con un perro te enseña silenciosamente una lección radical: la alegría no llega después, está disponible ahora.

La Luna Nueva de Piscis nos invita a tener una relación diferente con la felicidad; una que no es reactiva, circunstancial ni dependiente de que todo marche “bien”. La energía de Piscis nos pide que nos ablandemos, que cedamos el control y que recordemos una verdad más profunda:

La alegría no es algo que alcanzamos después de trabajar “lo suficiente” y no depende de ninguna circunstancia concreta. La alegría es algo que elegimos nosotros.

Quienes nacen bajo este espléndido signo de agua tienen una conexión natural con la alegría y la maravilla de simplemente estar vivo; muchos grandes artistas, poetas, pensadores y músicos llaman hogar a Piscis, incluyendo a Miguel Ángel, Albert Einstein y Chopin. Junto a ellos están William Shakespeare y Kurt Cobain, dos en particular que destacaron el desafío inherente que presenta Piscis: quedarse atrapado en emociones tortuosas y sentirse aislado en la oscuridad. 

Cuando nos sentimos extenuados, juzgados o infelices, puede ser fácil culpar a los demás, a las circunstancias, al mundo. Aquello a lo que dedicamos nuestra atención es lo que crecerá; así que, al cambiar nuestra perspectiva y enfocarla en la alegría, creamos más experiencias en las que podemos sentir y cultivar alegría. Y Piscis llega para ayudarnos a recordar que, por muy grave que sea nuestra situación, podemos pasar de la negatividad a la alegría en cualquier momento.

Creo que se puede decir con seguridad que todos queremos ser felices. Siempre estamos hablando de la felicidad. Intentando alcanzarla. Esperando que llegue.  Imaginamos que, una vez que se resuelva un problema determinado o se cumpla cierto deseo, la felicidad finalmente llegará. Y, sin embargo, cuando nos preguntamos qué es lo que en realidad obstaculiza la alegría, nuestra mente suele dirigirse de inmediato a todas las razones por las que no podemos ser felices.

Porque no nos dieron el ascenso.
Por un problema de salud.
Porque nuestra pareja nos decepcionó.
Por dramas familiares. 

Pasamos mucho más tiempo ensayando qué podría salir mal o rumiando sobre lo que está mal en ese momento que observando o incluso practicando lo que nos aporta alegría.

La Kabbalah enseña que la felicidad no es la presencia de una experiencia material ni la ausencia de desafíos: es el resultado de la conciencia. Y una de mis enseñanzas favoritas sobre esto viene de la historia de Rabí Akivá, el maestro de Rav Shimón bar Yojái, autor del Zóhar.

Rabí Akivá estaba de paso por un pueblo en uno de sus viajes, era tarde por la noche y necesitaba un lugar donde quedarse. Al caer la tarde tocaba puertas y preguntaba si podían hospedarlo. Tocó puerta tras puerta y, repetidamente, fue rechazado una y otra vez durante horas. Ante una situación como esta, ¿qué pensaríamos muchos de nosotros?

No soy digno, no soy lo suficientemente bueno, ¿qué pude haber hecho? Ni siquiera puedo encontrar un lugar donde quedarme.

Pero él no pensó así. Encontró un lugar en un campo y se instaló, mientras apreciaba las posesiones que aún tenía: una vela para iluminar la oscuridad, un gallo y un asno como medio de transporte. Uno a uno, los fue perdiendo: el viento apagó la vela, un gato mató al gallo y un león se comió al asno. Así que, a estas alturas, sin duda, muchos de nosotros nos sentiríamos condenados. Dios mío —pensaríamos— debo haber hecho algo realmente malo para merecer todo este caos.

Pero no Rabí Akivá. Él respondía a cada pérdida con las mismas palabras:
“Todo lo que haga la Luz del Creador es para bien”.

Más tarde, se supo que soldados romanos habían atacado el pueblo esa noche. Si alguna de las personas que lo rechazaron le hubiera permitido entrar, lo habrían matado o esclavizado. Lo que parecía rechazo y pérdida era, en realidad, protección.

La enseñanza no es que cada desafío tenga sentido inmediatamente, sino que cada desafío nos brinda la posibilidad de una fe más profunda y una oportunidad para crecer. La diferencia entre la Luz y la oscuridad no es el suceso en sí mismo, sino la conciencia que nosotros le aportamos.

Esta es la esencia de la sabiduría de Piscis.

Todos somos seres humanos en medio de un proceso. La tristeza, la desilusión y la frustración forman parte de la vida, pero se presentan como información, como maestros, como oportunidades. Nos quedamos atascados cuando elegimos aferrarnos a estos estados cargados de significado o definirnos a nosotros mismos o a nuestras vidas por ellos. 

¿Cuánto tiempo queremos abrazar nuestro caos?
¿Cuánto tiempo queremos alimentar nuestra infelicidad?

La alegría no significa negar el dolor inevitable que nos encontraremos en el camino. Significa darle una fecha de caducidad a ese dolor. Significa saber que es simplemente parte de nuestro proceso, no de quienes somos. Cuando permanecemos en un estado reactivo —alternando entre altas y bajas según las circunstancias externas— todo lo que hacemos es entregar nuestro poder. Un día estamos felices porque algo salió bien, al siguiente estamos devastados porque no salió igual. Piscis nos exhorta a algo más profundo: la experiencia de una alegría constante e inquebrantable.

Este tipo de alegría no la crean las personas en nuestra vida, nuestras experiencias o nuestros logros. Nadie más puede hacernos felices; ni una pareja, ni un trabajo, ni siquiera las cosas que más amamos. La alegría es nuestra responsabilidad. Y eso puede resultar desafiante, pero también profundamente liberador.

¿Queremos sentirnos desafiados? ¿O queremos esa sensación de libertad? Depende de nosotros.

Cuando nos concentramos solo en lo que salió mal, creamos más carencia. Cuando elegimos buscar sentido —incluso en experiencias que no deseábamos—, comenzamos a transformar la oscuridad en Luz. Esto es especialmente importante cuando se trata de traumas. Las experiencias dolorosas no nos definen, pero aquello en lo que elegimos centrarnos después sí moldea nuestra realidad. La sanación comienza cuando dejamos de permitir que el pasado determine la calidad de nuestro presente.

El mes de Piscis llega para enseñarnos a ablandar nuestro apego al control y regresar a la entrega y el aprecio: a los pequeños momentos sagrados que nos recuerdan que estamos vivos. Observar el océano. Escuchar música. Ver a un niño concentrarse en algo sencillo. Reírse en medio de la frustración. No lo sé con certeza, pero me gusta imaginar que Rabí Akivá probablemente se habría acostado en el pasto del campo aquella noche, admirando la luz de las estrellas…

En Pequeña guía para ser feliz, Anna Quindlen escribe sobre elegir una vida real; no una vida impulsada por una búsqueda frenética, sino una basada en la presencia. Allí vive la alegría. No en el futuro. No en la perfección. Sino en el ahora, en el momento presente que estás viviendo.

Una práctica sencilla para arraigar esta conciencia es pasar del hacer (que consiste en producir) al ser (que consiste en la energía).

Al comienzo de cada día, en lugar de preguntar “¿Qué tengo que hacer hoy?”, pregunta “¿Quién quiero ser hoy?”.

Si tu intención es ser alegre, tus acciones naturalmente se alinearán con la positividad. Encontrarás motivos para reírte. Sonreír. Apreciar. Puede parecer un cambio pequeño, pero son esos pequeños cambios internos los que provocan grandes cambios externos. Esta Luna Nueva de Piscis nos recuerda que la vida no está hecha para soportarla, está hecha para vivirla plenamente. Somos increíblemente afortunados de estar aquí. Y cuando elegimos la alegría, una y otra vez, nos conectamos con la Luz que siempre ha estado con nosotros.

Recuerda hacer una pausa.
Admira el paisaje.
Es hermoso.


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