Este momento está marcado por un punto clave en el calendario espiritual: Rosh Hashaná, el inicio del nuevo año según la Kabbalah. En esta ocasión, el cielo nos presenta una configuración poderosa: la Luna Nueva a 29 grados de Virgo, acompañada por el último eclipse solar del año. Es una invitación cósmica a cerrar ciclos, limpiar y sembrar con mayor consciencia.
Este evento ocurre justo en el umbral entre Virgo y Libra. Aunque la Luna Nueva se da en Virgo, no estamos iniciando ese mes, sino el mes kabbalístico de Libra. Así, entramos al nuevo año con una fuerte influencia de Virgo, pero bajo el ciclo de Libra. Virgo organiza, separa y purifica; Libra busca armonía, belleza y conexión. La oportunidad de esta semana —y de este año— es integrar ambas energías: soltar el perfeccionismo del pasado para construir relaciones y estructuras más auténticas y justas. Este eclipse nos desafía a dejar atrás patrones mentales rígidos y a abrirnos a un nuevo orden donde el alma tenga más espacio que el ego.
El 22 de septiembre, el Sol entra en Libra, marcando el equinoccio: ese momento del año en el que el día y la noche se equilibran perfectamente. Ese mismo día, Marte entra en Escorpio y se une a Júpiter en Cáncer como los dos planetas en signos de agua. Esto transforma nuestro paisaje emocional: lo que antes se sentía frío o únicamente mental comienza a emerger desde lo profundo. Es tiempo de tomar decisiones desde un lugar emocional sincero, no solo desde la mente.
Mercurio en Libra suaviza nuestra forma de pensar, invitándonos a comunicarnos con respeto, escuchar a los demás y considerar más de una perspectiva. Mientras tanto, Venus en Virgo nos recuerda que el amor también se expresa en el cuidado, la constancia y los pequeños detalles con los que nos hacemos presentes.
El gran reto de esta semana es no aferrarnos a lo que ya no funciona, incluso si resulta cómodo. Hay un fuerte llamado a transformar nuestra manera de pensar, pero esto requiere humildad. No se trata de entenderlo todo, sino de estar dispuestos a soltar lo viejo para abrir espacio a lo nuevo. Aunque hay mucha energía de tierra y aire, la entrada de Marte en Escorpio junto con Júpiter en Cáncer nos devuelve el elemento agua que tanto necesitamos: sensibilidad, profundidad y valentía emocional.
Este Rosh Hashaná es un portal: no hacia la perfección, sino hacia una versión más honesta de nosotros mismos. Es un año que comienza con limpieza, intención y la oportunidad de sembrar aquello que verdaderamente queremos sostener.