La semana comienza con el Sol y Venus en Sagitario, lo que aporta optimismo, fe y una sensación de expansión. Esta influencia ardiente nos inspira a soñar en grande y a confiar en el proceso de la vida, pero también marca el final de un ciclo de movimiento y aventura.
El 21 de diciembre, el Sol entra en Capricornio, iniciando el solsticio de invierno, el renacimiento de la Luz tras la noche más larga del año. La energía pasa de la visión a la manifestación. Capricornio nos enseña responsabilidad, disciplina y resistencia, guiándonos para organizar, planificar y construir lo que realmente importa.
Venimos de la Luna Nueva en Capricornio (20 de diciembre), que abrió un nuevo ciclo de intención y enfoque. Ahora, cuando el Sol se une a este signo, nuestra motivación para manifestarnos se fortalece.
El 24 de diciembre, Venus entra en Capricornio, alineando el corazón con el compromiso. El amor y la creatividad buscan estabilidad y madurez en lugar de emoción o fantasía. Es hora de invertir en lo que perdura y tiene significado.
Marte permanece en Capricornio, impulsando la acción práctica, mientras que Mercurio en Sagitario mantiene nuestras mentes abiertas y esperanzadas. En segundo plano, Júpiter en Cáncer y Saturno y Neptuno en Piscis suavizan la seriedad de Capricornio con emoción y profundidad espiritual, recordándonos que el éxito solo tiene sentido cuando nutre el alma.
Esta semana carece del elemento aire, lo que puede provocar rigidez o exceso de concentración. Para equilibrarlo: habla, escribe, conecta y respira profundamente. La comunicación y la ligereza restauran la claridad mental y el flujo.
En resumen, esta semana tiende un puente entre la inspiración y la manifestación. Con la energía del solsticio y Capricornio, se nos llama a dar forma a nuestros sueños a través de la paciencia y la fe. Incluso en la oscuridad, la Luz renace en nuestro interior.