
La porción de esta semana nos cuenta que Jacob temía a su hermano Esaú. Quienes conocen esta historia bíblica recordarán que Jacob representaba el lado positivo, mientras que Esaú estaba más alineado con el aspecto negativo. Entonces surge la pregunta: ¿por qué Jacob, siendo un alma tan elevada, tendría algo que temer de Esaú en un nivel espiritual? ¿Acaso no sabemos que la Luz prevalece sobre la oscuridad?
Según los kabbalistas, esta historia es en realidad un código. Esaú representa el ego, por lo que el miedo de Jacob hacia su hermano era en realidad el miedo hacia su propio ego. Incluso en su alto nivel espiritual, Jacob sabía que si comenzaba a verse a sí mismo como el mensaje en lugar del mensajero, como la Luz en lugar de un canal, perdería la batalla frente a la fuerza más destructiva impulsada por el ego: el Deseo de Recibir Solo para Sí Mismo. Para Jacob, era claro que su verdadero poder residía en su capacidad de ser un canal para la Luz del Creador.
Cada uno de nosotros debería cultivar un miedo similar todos los días. ¿Por qué? Porque este tipo de miedo puede protegernos de las ilusiones que tenemos sobre nosotros mismos. Necesitamos estar atentos y cuidar constantemente nuestras acciones frente a lo que el ego quiere que hagamos, ya que esa es la única forma en que realmente podemos crecer.